“Menudo coñazo”, dijo la almeja.

“Pero eso no es muy melancólico”, le contestó la langosta. “La melancolía es algo como más clásico, con estilo. Eso de qué coñazo lo podría decir cualquier criajo de instituto”

“Que te jodan, langosta”, le contestó la almeja. “Soy la almeja melancólica y paso de todo, me expreso como me da la gana”

“Te falta clase, almeja”

“Almeja melancólica”, puntualizó esta.

“Sí, sí, lo que tú digas… ahí te quedas”. Con esto se despidió la langosta y salió corriendo de allí.

“¿Y ahora qué hago yo? Sin patas, ni pinzas, ni aletas… ¿cómo voy a llevar una vida plena?”, se quejó, al vacío, la almeja.

Se dio cuenta de que ya no la escuchaba nadie.

“Menudo coñazo”, dijo la almeja.